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OPINIÓN: EL CONGRESO DEBE EXPLICAR SUS CAMBIOS

POR DÉCIMO DIEZ

Este texto es una columna de opinión. Los hechos verificables se presentan por separado de las valoraciones de su autor.

HECHOS VERIFICABLES

Un oficio atribuido al presidente de la Mesa Directiva del Congreso de Baja California recorrió de las 10:00 a las 12:00 horas la sesión ordinaria del jueves 8 de octubre, según publicó Punto Norte. El documento reportado no expuso el motivo del cambio.

La modificación coincidió con el acto por los 15 años de Morena celebrado un día antes en el Auditorio Nacional de Ciudad de México. Medios nacionales confirmaron la asistencia de dirigentes, gobernadores y legisladores. La versión de que el horario fue ajustado para facilitar el regreso de diputados bajacalifornianos proviene de fuentes legislativas no identificadas citadas por ese medio; no existe, en la información pública revisada, una confirmación oficial de esa causa.

Diez10 documentó los alcances y límites de la información disponible en la nota “CONGRESO CAMBIA HORA DE SESIÓN SIN EXPLICAR EL MOTIVO”.

ANÁLISIS Y VALORACIÓN

Un cambio de horario no es, por sí mismo, una irregularidad. Las agendas parlamentarias se ajustan por negociaciones, dictámenes pendientes, comparecencias, emergencias o razones logísticas. El problema aparece cuando una decisión institucional coincide con una actividad partidista y la autoridad responsable deja vacío el espacio de la explicación.

Ese silencio no prueba que el Congreso se haya subordinado a Morena. Sí crea una apariencia de subordinación que daña la credibilidad del Poder Legislativo y que puede evitarse con transparencia básica.

La distinción importa: acusar sin pruebas sería irresponsable; fingir que la coincidencia no merece preguntas también lo sería. La salida correcta no es construir una condena desde la especulación, sino exigir el expediente completo.

LA INSTITUCIÓN NO DEBE DEPENDER DEL CALENDARIO DEL PARTIDO

Las y los legisladores tienen derecho a participar en actividades políticas. También tienen la obligación de separar esa militancia de la conducción del Congreso. Cuando ambas agendas se cruzan, la carga de explicar la decisión corresponde a quien administra el órgano público, no a la ciudadanía que intenta entenderla.

Publicar la convocatoria original, el oficio de modificación, la justificación, la asistencia y la hora efectiva de inicio bastaría para reducir el margen de sospecha. Si existió una razón distinta al viaje partidista, debe conocerse. Si el ajuste respondió a una solicitud de legisladores, también debe documentarse y defenderse públicamente.

TRANSPARENCIA ANTES QUE PROPAGANDA

La respuesta institucional no debería consistir en descalificar al medio que reveló el cambio ni en convertir el tema en una pelea entre bancadas. La pregunta es concreta: ¿quién solicitó modificar la sesión, con qué fundamento y por qué esa razón no apareció en la comunicación conocida?

Un Congreso que explica sus decisiones fortalece su autonomía. Uno que permite que los vacíos sean llenados por filtraciones, rumores o narrativas partidistas pierde autoridad incluso cuando su actuación pudiera ser legal.

La transparencia no es un castigo ni una concesión a la oposición. Es la herramienta más sencilla para distinguir una coincidencia legítima de una decisión tomada por conveniencia política.

La opinión expresada en esta columna pertenece a su autor y se sustenta en los hechos disponibles al momento de publicación.

FUENTES DE LOS HECHOS CITADOS

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